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Publicado el 21 de abril de 2016 | 2 comentarios

¿Patentes (casi) gratis?

¿Patentes (casi) gratis?

La Universidad de Minnesota revolucionó en 2011 su aproximación a la colaboración universidad-empresa y la transferencia de tecnología con la puesta en marcha de su programa Minnesota Innovation Partnerships (MN-IP).

Este programa ofrece, bajo la marca MN-IP Create, un conjunto de condiciones de licencia prenegociadas y business-friendly para animar a las empresas a financiar proyectos de investigación o innovación bajo contrato, lo que en Estados Unidos se conoce como sponsored research y en España contemplaría aquellas actividades realizadas en el marco del art. 83 de la Ley Orgánica de Universidades.

Por si esto fuera poco las empresas tienen hasta 3 modalidades para elegir:

  • Opción A, consistente en una licencia mundial y exclusiva de todos los resultados que se deriven del proyecto, a cambio de un pago por adelantado del 10% del coste del proyecto (o 15.000 dólares, el importe que sea mayor) y un 1% de royalties sobre ventas netas cuando estas superen los 20 millones de dólares, sin mínimos anuales y con posibilidad de realizar sublicencias o licencias cruzadas.
  • Opción B, en la que se posterga la negociación de los términos de licencia a la finalización del proyecto, pero se acuerda en todo caso que no habrá pagos iniciales (upfront).
  • Opción C, consistente en una licencia mundial y no exclusiva de todos los resultados que se deriven del proyecto, a cambio únicamente de un pago por adelantado del 10% del coste del proyecto (o 10.000 dólares, el importe que sea mayor), sin pago de royalties y sin posibilidad de realizar sublicencias o licencias cruzadas.
Programa MN-IP. Fuente: Universidad de Minnesota

Programa MN-IP. Fuente: Universidad de Minnesota

La naturaleza del proyecto y de sus resultados, así como el uso que la empresa vaya a hacer de los mismos decidirá cuál es la opción más indicada en cada caso. Como ejemplo, si una empresa invierte en el desarrollo de una tecnología que será la base de un producto o servicio, más o menos novedoso, parece lógico que quiera asegurarse la exclusividad sobre la misma, por lo que la opción A resultaría la más adecuada. Sin embargo, si la empresa únicamente desea tener acceso a la tecnología o resultados fruto del proyecto -por ejemplo para mejorar un producto o servicio ya existente- y no tener que preocuparse de royalties y pagos futuros, la opción C sería la idónea.

Esta última opción ha sido la última en incorporarse al programa MN-IP. En palabras de Brian Herman, vicepresidente de investigación de la Universidad de Minnesota, “después de escuchar las demandas de las empresas, hemos diseñado una nueva opción que se adapta mejor a ciertos sectores, como el petroquímico, los semiconductores o el software”.

Como esquema de colaboración y como propuesta de valor resulta, en mi opinión, brillante. Hace más atractiva la colaboración con la universidad -Minnesota ha formalizado 175 contratos de investigación o licencia desde 2011, gracias a este programa- y, al mismo tiempo, pone en una posición negociadora de cierta fuerza a la universidad, que ofrece unos términos favorables pero fijos y se asegura de que los resultados del proyecto se transfieren, en cualquier caso, a la empresa. En España, en cambio, no es extraño que centros de investigación y universidades “colaboren” con empresas sin recibir ningún retorno en términos de propiedad industrial y, lo que es peor, a bajo precio.

Con la nueva opción C se dirigen, además, a un segmento del mercado con frecuencia olvidado por las oficinas de transferencia: aquellas empresas que no precisan de licencias exclusivas.

La práctica de establecer opciones de licencia en base a condiciones establecidas previamente es cada vez más habitual, en particular en Estados Unidos. Como muestra, hace sólo unos meses nos hacíamos eco en el blog del programa Quick Start License de la Universidad de Washington, para facilitar la creación de startups. Sin embargo es una tendencia que en España -e incluso en Europa- no termina de arraigar. Es hora de repensar la manera en que universidades y organismos de investigación se relacionan con las empresas y, sin que ello implique malvender sus resultados o conocimiento, de adoptar un enfoque más comercial y orientado a resolver sus necesidades.

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  • Salvador Díaz

    uff qué susto el título…

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